La posibilidad de que el Gobierno de Javier Milei avance con la derogación de la Ley 25.542, conocida como Ley de Defensa de la Actividad Librera, volvió a encender las alarmas en el sector editorial. La norma establece el precio único de venta al público de los libros, un sistema que busca evitar la competencia desleal entre librerías, grandes cadenas y plataformas comerciales.
Para Natalia Viola, propietaria de la librería tucumana Libro de Oro, eliminar esa regulación pondría en riesgo no solo la continuidad de cientos de librerías independientes, sino también el acceso de los lectores a una oferta editorial diversa.
"Lo primero que hay que discutir es qué entendemos por libro. Si creemos que es una mercancía más, como un zapato o una cartera, entonces da lo mismo. Pero si entendemos que es un bien cultural que contribuye al crecimiento de una sociedad, entonces necesita políticas que lo protejan", sostuvo durante una entrevista con LA GACETA.
El temor a una competencia desigual
Viola afirmó que, de concretarse la derogación, los principales beneficiarios serían las grandes plataformas de comercio electrónico. "Los únicos que hoy podrían vender libros a pérdida son las plataformas online. Lo vimos con Amazon en otros países: utilizan el libro como puerta de entrada para captar clientes y después venderles cualquier otro producto".
En cambio, aseguró que las librerías independientes no cuentan con ese respaldo financiero. "El precio único no elimina la competencia, como muchas veces se dice. Nosotros competimos todos los días, pero lo hacemos por la calidad de la atención, por la propuesta cultural, por las actividades que ofrecemos y por el vínculo que construimos con los lectores".
Mucho más que vender libros
La librera insistió en que una librería independiente cumple una función que va mucho más allá de la venta de ejemplares. "Alrededor del libro pasan muchísimas cosas: clubes de lectura, talleres, presentaciones, encuentros. Nosotros construimos comunidad. Esa es nuestra verdadera competencia, no hacer descuentos permanentes", explicó.
En el caso de Libro de Oro, dijo, esa lógica estuvo presente desde el nacimiento del proyecto hace ocho años. "Hoy una librería no puede sobrevivir solamente vendiendo libros. Hay que generar espacios de encuentro para que la gente vuelva y haga propia la librería."
Un modelo que funciona en otros países
Viola recordó que la legislación argentina no es una excepción, sino que sigue modelos vigentes en distintos países. "Francia fue uno de los primeros en implementar este sistema, pero también existe en España, Alemania o Japón. Son países que entendieron que proteger el precio del libro significa proteger todo un ecosistema cultural."
Según explicó, la ley garantiza que un libro tenga el mismo precio en cualquier librería del país. "La gente muchas veces cree que cada librería fija el valor que quiere, y no es así. El precio lo establece la editorial o el importador. La diferencia está en el servicio que ofrece cada librería."
El impacto sobre editoriales y lectores
Para Viola, las consecuencias no se limitarían a los comercios. "La librería independiente sostiene editoriales pequeñas, autores nuevos y catálogos que muchas veces no llegan a las grandes cadenas. Nosotros mantenemos viva esa diversidad."
En ese sentido, advirtió que una eventual concentración del mercado reduciría las opciones para los lectores. "Si desaparecen las librerías independientes, también desaparecen muchas editoriales chicas. El lector termina encontrando únicamente los grandes lanzamientos comerciales y pierde la posibilidad de descubrir otras voces."
"No bajarían los precios"
Uno de los argumentos utilizados por quienes impulsan la desregulación es que el precio de los libros disminuiría. Viola rechazó esa idea. "Eso es un mito. Las grandes cadenas pueden vender al costo durante un tiempo para ganar mercado, pero no pueden sostenerlo para siempre."
Y agregó: "Cuando ya concentran las ventas, manejan los precios como quieren. Nunca termina siendo más barato."
Actualmente, explicó, las librerías trabajan con márgenes reducidos. "Con ese margen tenemos que pagar alquileres, empleados, servicios, sistemas, fletes, señaladores, bolsas y muchos otros costos que absorbemos nosotros."
El antecedente de otros países
La propietaria de Libro de Oro recordó el caso de Inglaterra, donde una regulación similar fue eliminada. "Cerró más de un tercio de las librerías independientes. Ese antecedente nos preocupa mucho porque muestra lo que puede pasar cuando desaparecen las reglas que equilibran el mercado."
Aunque reconoció que es imposible anticipar exactamente el impacto, advirtió que muchas librerías que hoy sobreviven con enormes dificultades podrían verse obligadas a cerrar.
"Seguramente habría que replantear todo el funcionamiento del sector, pero muchas no tendrían margen para seguir."
Un contexto ya complicado
La discusión llega en un momento especialmente complejo para el rubro. Viola señaló que la caída del consumo también afecta a las librerías y reveló que, dentro de la Cámara Argentina de Librerías Independientes (CALI), prácticamente todos los meses reciben la noticia del cierre de algún comercio.
"El libro no es un producto de primera necesidad y cuando las familias ajustan gastos suele quedar entre los primeros recortes."
Frente a ese escenario, explicó que la estrategia de Libro de Oro fue fortalecer las actividades culturales para sostener el vínculo con los lectores.
"Cada persona que llega a un club de lectura, a un taller o que descubre el hábito de leer es un pequeño triunfo. Nosotros seguimos apostando a construir comunidad."
Finalmente, Viola pidió que el debate no se reduzca únicamente a una cuestión comercial.
"Las leyes que funcionan hay que cuidarlas y perfeccionarlas. Las librerías pequeñas forman parte de la identidad cultural de la Argentina y sería un error ponerlas en riesgo."